Traducción del capítulo 8 del libro “Catholic Homeschooling”: Disciplina en la Familia Católica que educa en casa

2012-07-05 10.38.53

Haciendo un reporte de excursión

Bueno, cada capítulo que hemos traducido tiene sus retos…  Este era el capítulo 9 en la primera versión del libro “Catholic Homeschooling ” de la Dra. Mary K Clark, en la ultima versión (2008), es el capítulo 8.  La Dra Clark le hizo varios cambios y eso nos causó confusión al traducir la primera edición. En fin, el capítulo tiene un total de 32 páginas, por ahora estoy publicando un poco más de la mitad, y espero pronto publicar el resto.

Este es un capítulo de un tema super importante: ¡la disciplina!… La Dra. Clark dice que es lo primero en lo que nos debemos enfocar si es que queremos que nuestra educación en casa tenga éxito. Yo creo que muy pocas personas se atreven a hablar de este tema de la manera que ella lo hace.  ¡No dejes de leerlo!

¡Gracias especiales a Flor Montante y a Guetty Colin por su colaboración y paciencia en este proyecto!! ¡Dios les pague!

Capítulo 8: Disciplina en la familia católica que educa en casa[1]

Por Dra. Mary Kay Clark

Traducción de Flor Montante

Edición de Guetty Colin y Xhonané Olivas

“Disciplina” tal vez es una de las palabras más rechazadas en nuestra sociedad. Con la llegada de la generación “Haz lo que quieras”, el concepto mismo de la restricción parece una idea pintoresca, pasada de moda. Sin embargo, para quienes tienen el deseo de vivir una auténtica vida católica, la disciplina es fundamental. “Disciplina” y “discípulo” vienen de la misma raíz. Si queremos ser verdaderos discípulos de Jesucristo, necesitamos la disciplina necesaria para seguir sus mandamientos y para enseñar y entrenar a nuestros hijos para que también sigan sus mandamientos, en lugar de querer hacer su propia voluntad.

Dejar de lado la disciplina ha afectado, incluso, a familias católicas ortodoxas. La razón más común por la cual las familias católicas tienen miedo de iniciar la educación en casa o no tienen éxito con su educación en el hogar es la falta de disciplina.

Esta es una acusación bastante dura para la familia católica, que, aunque rechaza las actitudes culturales predominantes, todavía está afectado por ellas. Sin darse cuenta, muchos padres católicos han perdido el control de sus propios hijos.

Definición

¿Qué entendemos por disciplina? Básicamente, disciplina significa formación – formación de la voluntad.  Antes de querer enseñar a nuestros niños temas académicos, o incluso la fe, tenemos que entrenarnos a nosotros mismos, y a nuestros hijos, a hacer la voluntad de Dios.

Disciplina es un estilo de vida con reglas. Implica autocontrol. Para la familia católica, significa obediencia a las reglas de Dios.

Una de las definiciones del diccionario para la palabra disciplina es “un sistema de prácticas o reglas para los miembros de una iglesia”. En los documentos del Concilio Vaticano Segundo, al hogar católico se le llama “Iglesia doméstica”, por lo tanto, es conveniente que un hogar sea gobernado por disciplina.

Otra definición de la palabra “disciplina”, que se encuentra en la Enciclopedia Católica, es “el látigo o cuerda que los monjes utilizaban en los monasterios para la auto-flagelación[2] como medio de mortificación”. La mortificación es un acto de auto-disciplina. Estos son actos realizados para disminuir nuestro amor a nosotros mismos, amor egoísta, con el fin de aumentar nuestro amor a Dios y a los demás, para desarrollar nuestra disposición a sufrir en reparación por nuestros pecados y por los pecados de otros.

Antes de esperar que nuestros hijos obedezcan cuando les asignemos tareas escolares, tenemos que enseñarles obediencia primero a las reglas de Dios, y en segundo lugar, a nosotros como representantes de Dios. Nuestros hijos tienen que entender las razones positivas por las que los católicos creemos en la disciplina.

Además de la formación de nuestros hijos, tenemos que pensar en  disciplinarnos nosotros mismos, como madres y padres. Si nuestros niños entienden que nosotros mismos nos estamos esforzando por tener disciplina, será más probable que se esfuercen.

La filosofía Católica como base de disciplina

La Iglesia Católica enseña que por el pecado original, nuestro intelecto, incluso después del Bautismo, se oscurece y necesita una orientación para alcanzar la verdad. La voluntad del hombre también ha sido debilitada, por lo que tiende hacia el mal. La Divina Gracia ilumina el intelecto para conocer el bien y guía la voluntad para elegir el bien a través del uso de los Sacramentos y la oración.

En el Antiguo Testamento, Dios dirigió a su pueblo escogido a través de los líderes judíos, quienes representaban la autoridad de Dios. En el Nuevo Testamento, Cristo estableció su Iglesia, la Iglesia Católica, como nuestra autoridad en este mundo. Siguiendo las enseñanzas de la Iglesia sobre doctrina y moral, tendremos la seguridad y la certeza de la Verdad.

Todos los católicos tenemos la responsabilidad de reconocer y ser obedientes a nuestra legítima autoridad en la tierra, la Iglesia Católica. Los padres católicos tienen la responsabilidad adicional de enseñar a sus hijos a obedecer la autoridad legítima delegada por Dios hasta que ellos tengan edad suficiente para seguirla directamente.

Así que, el objetivo de tener disciplina en la familia católica es para ayudar a nuestros hijos a entender la voluntad de Dios y a cumplirla. Dios ha dado a los padres, así como a la Iglesia Católica, la autoridad necesaria para exigir obediencia de los niños. El objetivo final es ayudar a cada niño a actuar siempre conforme a la voluntad de Dios y, por lo tanto, llegar a ser santos como Dios nos lo pide.

La mayoría de los padres ven que a menudo tiene que haber una causa externa para que el niño haga lo que se le dice, sin embargo, el objetivo siempre debe ser el de obtener un cambio interno, o autodisciplina, en la mente y en la voluntad. El niño debe reconocer la autoridad de los padres y, finalmente, reconocer a Dios como la fuente de toda autoridad.

La disciplina en la familia católica debe llevar a todos los miembros a actuar  constantemente de acuerdo a la voluntad de Dios. Pero al mismo tiempo, debe haber un reconocimiento de que hay una batalla interior constante debido a que se ha oscurecido nuestra inteligencia y se ha debilitado nuestra voluntad. Cada miembro de la familia necesita ayuda a los demás miembros a ver la verdad con mayor claridad y a hacer lo correcto con mayor fidelidad.

Disciplina: formación de la voluntad

Para nosotros los católicos, la formación de la voluntad para hacer el bien, es más importante que el entrenamiento de la mente para el saber. Es inútil que la mente tenga conocimiento, si la voluntad elige actuar de mala manera. Los que dirigen nuestras escuelas públicas creen que, entre más sepan los niños, mejor será para ellos. Pero si la voluntad no está capacitada para actuar correctamente según el saber, o a buscar el bien, ¿cuál es el punto?

En las escuelas, a los niños se les enseña a elegir lo que quieran, después de, supuestamente, “informarlos” acerca de sus opciones. Los niños en Estados Unidos saben todo lo que hay que saber sobre el sexo y las drogas, pero siguen tomando malas decisiones. Las escuelas no entrenan a los niños a hacer el bien, ni a evitar el mal. Los niños no tienen disciplina en las escuelas porque no se les ha dado ninguna formación para elegir el bien.

Un buen ejemplo es el programa de educación sobre el abuso de drogas (DARE[3] – Drug Abuse Resistance Education) que se usa en muchos distritos escolares de los Estados Unidos. Cuando los investigadores estudian el efecto del programa, encuentran que los estudiantes que lo completan tienen una actitud más negativa hacia las drogas y el alcohol, comparados con otros estudiantes. Sin embargo, también encuentran que el programa hace poca o nula diferencia en el uso de drogas y alcohol por parte de los estudiantes. En otras palabras, el programa DARE es efectivo en alcanzar el intelecto (los estudiantes saben sobre las drogas), pero no tiene efecto en la voluntad (ellos las consumen de todas maneras).

En la encíclica Educación Cristiana de la Juventud[4], el Papa Pío XI escribió que “el tema de la educación cristiana corresponde al hombre como un todo, el alma unida al cuerpo”. El hombre caído de su estado original tiene problemas para aprender y controlar  sus pasiones. Los principales efectos del pecado original, son la debilidad de la voluntad y las “inclinaciones desordenadas”.

Estas inclinaciones desordenadas, según el Papa, deben ser corregidas. “Buenas tendencias” deben ser alentadas y “reguladas desde la tierna infancia”. La voluntad debe ser fortalecida por verdades sobrenaturales y por la gracia. Este es el tipo de disciplina que necesitamos en nuestras familias católicas. Sin ella, no puede haber aprendizaje real o verdadera educación.

La Disciplina en la Biblia

La Biblia tiene mucho que decirles a los padres respecto a la educación y la disciplina de los niños. Dios le habló a Moisés acerca de cómo los padres deben enseñar los mandamientos a sus hijos. Este tema continúa a través del  Antiguo y Nuevo Testamento.

Por ejemplo, el libro de los Proverbios (Prov. 1:7-9) comienza así:

El principio de la sabiduría es el temor del Señor; los necios desprecian la sabiduría y la instrucción. Escucha, hijo mío, la instrucción de tu padre, no olvides la enseñanza de tu madre, pues serán como diadema en tu cabeza, collar en tu garganta.[5]

Algunas de las declaraciones del Libro de Proverbios en la que nosotros, los padres deberían reflexionar son los siguientes:

  • Prov. 29:17: “Corrige a tu hijo y te hará vivir tranquilo, y te dará muchas satisfacciones.”
  • Prov. 29:15: “vergüenza golpes y represiones se aprende, pero el hijo consentido avergüenza a su madre.”
  • Prov. 22:6: “Dale una buena educación al niño de hoy, y el viejo de mañana jamás la abandonará.”
  • Prov. 13:24: “El que no usa el castigo, odia a su hijo; el que lo ama lo corrige a tiempo.”
  • Prov. 19:18: “Castiga a tu hijo mientras haya esperanza, pero no te excedas hasta matarlo.”
  • Prov. 22:15: “La necedad se pega al corazón del joven, el látigo de la corrección se la quitará.”
  • Otras citas bíblicas que debemos considerar son Efesios 6:4: “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en la disciplina y la corrección del Señor.”
  • Éxodo 20:12, Mateo 15:04, y Efesios 6:02: “Honra a tu padre y a tu madre.”
  • Colosenses 3:20: “Hijos, obedeced a vuestros padres en todo.”
  • Deuteronomio 27:16: “Maldito el que no honra a su padre y a su madre.”
  • 1 Reyes 3:13 “Porque he anunciado a él, que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad, porque sabía que sus hijos hicieron impíamente, y no les castigo.”

Tenemos que recordar las palabras de Jesús que señalan el énfasis espiritual necesario en nuestra disciplina: “Dejad que los niños vengan a mí y no se lo impidáis, porque de los tales es el reino de Dios.”

Bebés

La disciplina de los bebés es especialmente difícil para nosotros los padres católicos en este período de la historia de Estados Unidos. Vivimos en una época en que se asesina a los bebés, antes y después de su nacimiento, y cada bebé, inocente y precioso, tiene un significado muy especial para Dios y para nosotros. Pero es importante que protejamos, no sólo los pequeños cuerpos de nuestros bebés, sino también sus almas, de las malas inclinaciones. De hecho, la protección de sus almas es la más grande responsabilidad. La mejor manera de proteger a nuestros niños de cualquier daño físico y espiritual es formarlos, enseñarles y disciplinarlos.

Hay mucha polémica en grupos de homeschoolers sobre temas como apego en la educación, camas familiares, crianza ecológica, etc. Algunos papás creen que un bebé que llora siempre debe ser abrazado y atendido. Otros creen que si se acuesta al bebé para una siesta a cierta hora, el bebé llorará un rato los primeros días, pero después se acostumbrará a la hora de la siesta y ya no llorará. Por otro lado, una mamá lactante podrá establecer la hora de la siesta acostándose con el bebé a cierta hora todas las tardes. El bebé dormirá mientras come.

En cualquier caso, necesitarás encontrar la manera de hacerte cargo del bebé y seguir con la educación en el hogar. Debido a que cada mamá debe encontrar la solución a su situación, no entraré en detalles, pero considera el hecho de que no es bueno que una madre nunca le diga “no” a sus hijos, incluso si es un bebé.

Conoces la frase “La mano que mece la cuna gobierna el mundo”. Asegurémonos que mientras mecemos la cuna, también nos interesamos en educarlos para que un día cuando “gobiernen” el mundo, lo hagan con justicia y autodisciplina.

Los niños pequeños – de 2 a 4 años (toddlers)

Los primeros años de vida de tu hijo son los más importantes para entrenarlo y formarlo, probablemente el período más importante de su vida. Se dice que un niño aprende más durante estos años que durante el resto de su vida. Aunque yo cuestionaría esto, sin duda, actitudes hacia el amor, la obediencia y el respeto a la autoridad se aprenden en esta etapa.

Este es un momento en el que un niño, por su propia seguridad física, tiene que aprender a ser obediente inmediatamente a sus padres. Debe reconocer su autoridad legítima, así como aceptar el hecho de que sus padres saben qué es lo mejor para él y, que obedecer al instante, sin lugar a dudas, es importante.

Los padres jóvenes deben entender que es su responsabilidad, como padres, formar a sus niños pequeños, incluso, cuando estén cansados ​​o agotados. A veces es cuestión de perseverancia y de enfrentar voluntades, pero los padres deben perseverar.

Nosotros los padres, debemos estudiar la enseñanza de la Iglesia sobre el sacramento del matrimonio, la cual nos dice que tenemos la gracia para saber lo que es mejor para nuestros hijos. Tenemos el mandato de Dios en nuestra vocación como padres para exigir el respeto y la obediencia de nuestros hijos, así como Dios exige respeto y obediencia de nosotros, sus hijos.

Nosotros los padres, necesitamos confiar en nosotros mismos, confiar en las gracias que Dios nos da, confiar en nuestras propias experiencias de vida y conocimiento. Podemos saber lo que es mejor para nuestros hijos y debemos exigírselos.

A pesar de la televisión, del psicólogo moderno y de los trabajadores sociales, los padres debemos estar convencidos, de que los niños no saben del todo lo que es mejor para ellos. Nosotros, como papás, sí. Tenemos muchos documentos católicos que enseñan que los padres, en virtud de la Ley Natural, tenemos la responsabilidad de exigir el respeto y la obediencia de nuestros hijos.

Firmeza del amor

La educación y formación de los niños pequeños es muy difícil. Educar a niños pequeños puede ser un conflicto diario de voluntades. Nuestra voluntad está a menudo en conflicto con la voluntad de un pequeño a quien amamos más que a nosotros mismos. Nosotros daríamos nuestra vida por ellos, pero lo que ellos necesitan en esta etapa de su vida, no es nuestra vida, sino nuestro sacrificio para exigir obediencia. En el corto plazo, exigir obediencia es un trabajo arduo, pero a la larga, ahorrará problemas y angustias. En una ocasión me reuní con un grupo de señoras mayores que no eran católicas. Cuando una madre joven dijo que tenía en brazos a su octavo hijo, una madre dijo: “Yo sólo tuve un hijo, y eso fue suficiente para mí.” Otra madre dijo: ” Dos era todo lo que podía manejar ” La disciplina es la clave para el manejo de los niños.

No es el momento para una personalidad suave. No es el momento de decir: “Bueno, María nunca le dio una nalgada (spanking) a Jesús.” Cierto, Él nunca la desafió, nunca rayó la mesa a propósito o siguió golpeando el cristal de su mostrador después de que ella le dijo diez veces que no lo hiciera.

Ora diariamente con tus hijos, incluye a los más pequeños, y pide la gracia necesaria, la fuerza, la energía para educar y para darles la disciplina necesaria y el autocontrol para que, con el tiempo, sean obedientes a su Padre celestial. Este es un deber primario de la vocación de la maternidad.

Reglas de la casa para niños pequeños

Determina las reglas de tu casa y colócalas en el refrigerador o en un cuarto apropiado. Explícalas verbalmente al niño. A pesar de que el niño no pueda leerlas, puede entender que lees las reglas y que leerlas lleva a seguirlas. Muéstrale a tu hijo pequeño cómo lees las etiquetas de las latas en la cocina y las recetas en el libro de cocina y cómo actúas de acuerdo a lo que has leído. Muéstrale que si se siguen las instrucciones correctamente, midiendo cuidadosamente los ingredientes, poniendo el horno el número correcto de grados, el resultado será una comida exitosa.

Enséñale a tu hijo que lees las señales de tránsito cuando manejas, y que si las sigues y sigues las direcciones, podrás llegar con seguridad a al destino deseado. Los niños pequeños pueden entender que las reglas en el refrigerador son para que las obedezca y que se las estás leyendo para ese fin. Enséñale que, al obedecer las reglas, la familia puede llegar a una meta: una linda casa placentera. Enséñale que, aprender a seguir las reglas de Dios, todos podemos obtener el objetivo final: la felicidad en el Cielo con Jesús.

Las reglas de la casa pueden incluir:

  • Guardar los juguetes después de jugar con ellos.
  • Recoger la ropa.
  • Ayudar a mamá a recoger al final del día.
  • Limpiar con una servilleta los derrames.
  • Comer en la mesa del comedor y no en la sala.
  • No entrar en el cuarto de baño sin mamá.
  • No golpear la mesa.
  • Tocar el piano con suavidad.
  • Usar zapatos al salir.

Y así sucesivamente. Sobra decir que no se puede tener una lista interminable, pero unas pocas reglas para cada habitación u ocasión no será demasiado.

Un área que es frecuentemente ignorada por los niños pequeños, e incluso por los mayores, es la cortesía. Para que un hogar funcione de manera adecuada, es vital que los niños aprendan a hablar y conducirse de manera cortés. De no ser así, habrá muchos enfrentamientos y rivalidades, cada niño se sentirá ofendido por los demás y nadie actuará de manera correcta. No se puede tener un hogar feliz a menos que los miembros de la familia actúen con cortesía entre ellos.

Los niños pequeños pueden y deben aprender las normas básicas de cortesía, como por ejemplo, decir “por favor” y “gracias”. Deben aprender a pedir de manera adecuada lo que quieren y esperar un poco para obtenerlo. Con frecuencia, los niños pequeños, incluso los de buenas familias, son terriblemente mal educados, lo que causa una mala impresión de la familia y de la educación en casa en general. Los modales son importantes y nunca deben ser considerados opcionales.

Psicología del niño pequeño

Las inclinaciones ocasionadas por el pecado original son muy evidentes en los niños pequeños. Muchos niños, a propósito, pondrán a prueba a su mamá  para ver qué tan lejos pueden llegar antes de que ella los castigue. Las madres se pueden cansar de este conflicto diario, de este período de entrenamiento diario para sus hijos. Los niños pequeños pueden aguantar más que las mamás y a menudo lo hacen. Es por eso que nosotras, las mamás, diariamente tenemos que orar por las gracias necesarias para perseverar y ser consistentes.

Los niños y las niñas que son desobedientes, irrespetuosos y que responden de mala manera a sus madres a los trece años, son niños y niñas que no fueron educados para ser obedientes y respetuosos desde pequeños.

Obedece a Dios tú mismo. Entrena a tus hijos.

Dale a tu niño un período del día para permanecer sentado, por lo menos unos minutos, tal vez 15 minutos en la mañana y luego en la tarde. Dale a tu niño un libro o un juguete, pero explícale que este es momento de estar sentado. Cuando lleves a tu niño a la Iglesia, insiste en que tu pequeño esté quieto durante la Misa.

Cuando el niño está sentado en la mesa para las comidas, insiste en que no salte arriba y abajo o se levante de la silla. Enséñale a sentarse durante un tiempo razonable, quince minutos más o menos, durante la comida.

Tómate el tiempo y esfuerzo para tener una sesión de práctica con el niño sobre las reglas. Por ejemplo, si tienes la regla de que el niño entre a la casa de inmediato cuando lo llamas, practícalo. Envíalo afuera y llámalo a que entre. Haz esto varias veces para hacerle entender y recordar la regla.

Catecismo Preescolar

Cuando los niños son muy pequeños, incluso antes de que empiece a hablar, los padres deben comenzar la enseñanza de Jesús, de su amor por todos nosotros y sobre la importancia de agradar a Jesús siendo obedientes. Muéstrales a tus hijos estampas. Enséñales a hacer la señal de la cruz, el Padre Nuestro, el Ave María, la oración al Ángel de la Guarda y a orar antes de comer.

Enséñale a tu hijo sobre el Niñito Jesús y cómo Él obedeció a sus padres. Lean historias acerca de Jesús y otras historias de la Biblia.

Explícale una y otra vez a tu hijo que lo amas, no importa si hace algo mal, pero que, debido a que lo amas y a que debes ser obediente al plan de Dios en cuanto a su formación, debes castigarlo cada vez que se comporte irrespetuoso o desobediente.

Haz que las horas de oración sean regulares para todos los niños, incluyendo a tu hijo pequeño. Todos deben participar en el rezo del Rosario y otras oraciones. Programa estos tiempos de oración cuando los niños se sientan frescos, no después de la comida o en la noche, cuando los niños están demasiado cansados. Los niños – ya sean niños pequeños o adolescentes –  no deben perderse del tiempo de la oración familiar. Adapta las oraciones y la participación de acuerdo con la edad del niño. Sin embargo, incluso los más pequeños pueden aprender el Rosario rápidamente, y pronto hasta pueden dirigir las oraciones.

La educación en casa del pre-escolar

Para fomentar la disciplina en la familia, permite a los niños pequeños y niños en edad pre-escolar ser parte del programa de educación en casa. Si usas escritorios para los niños mayores, consigue un pequeño escritorio para los más pequeños para que pueda sentirse como parte de las actividades de la familia. Da a los niños pequeños libros y lápices de colores o una pequeña pizarra con tizas de colores para colorear. Permite al niño pequeño o al que está en preescolar sentarse en tu regazo mientras estás enseñando. Déjalo ayudarte a pasar las páginas del libro.

Trata de tener un poco de educación en casa “formal” con tu hijo, aunque sea por unos minutos cada día, si él o ella muestran interés. Las niñas normalmente están interesadas, incluso desde los dos o tres años de edad. Los niños pequeños pueden aprender las letras y los números. Si quieres desarrollar una buena actitud hacia el aprendizaje, los primeros años de vida es el mejor momento para empezar. Entre más se sienta involucrado en las actividades de la familia, menos problemas de disciplina se tendrán con los niños pequeños.

Por lo general, los niños pequeños aprenden de memoria lo que sus hermanos y hermanas mayores están estudiando, incluso mientras están jugando en el suelo. Tal vez no entiendan todo lo que han aprendido de memoria sólo de oírlo, pero, de cualquier forma, lo han aprendido de memoria. Sin embargo, cuando llega el momento de que entiendan conceptos, como dos más dos son cuatro, o “El Salvador de todos los hombres es Jesucristo”,  ya tienen muchos de los hechos memorizados y pueden aplicar fácilmente el entendimiento. Los problemas de disciplina disminuyen a medida que los conceptos se aprenden con rapidez y facilidad.

Si un niño pequeño se vuelve irritable, un hermano o hermana mayor le puede ayudar a aprender las letras, los números o la catequesis pre-escolar; o podría leerle cuentos. Esta es una buena experiencia para que los niños se ayuden entre sí, y para que el niño pequeño aprenda a aceptar la ayuda de un hermano mayor. A menudo, los niños mimados insistirán en que únicamente les enseñe su mamá. Fomenta una buena actitud en el niño para que acepte aprender de una hermana o hermano mayor.

Igualdad

Si tus hijos han asistido a una escuela antes de decidirte llevarlos a casa, tienes que trabajar duro para ver cómo vas a tratar la disciplina. Nuestra sociedad les vende a los niños la idea de que cada persona, joven o viejo, hombre o mujer, esposo o esposa, portador de la enfermedad infecciosa o abortista, tiene derecho a elegir lo que quiere para sí mismo. Nadie, ni los padres, ni los amigos o la sociedad, tienen autoridad sobre nadie. Esta enseñanza secular de la “libertad”, que muchos niños han aceptado, hace que sea muy difícil para los padres disciplinar a sus hijos.

La idea de la libertad individual ha sido tan manipulada que muchos niños de primaria creen que sus decisiones tienen el mismo valor que las de sus padres y, por lo tanto, tienen los mismos derechos y autoridad que ellos. Consejeros familiares modernos han vendido a los padres jóvenes la idea de que deben tener reuniones familiares donde cada niño pueda expresar sus propias ideas. Esto está bien si los niños se dan cuenta de que papá y mamá tienen la última palabra por ser cabeza de la familia. Muchos padres de familia son, literalmente, acosados, primero  por consejeros familiares y luego por sus hijos.

Los programas de televisión muestran familias con niños que tienen la misma autoridad para tomar decisiones en la familia. Aquellos con TV por cable tienen oportunidad de ver programas más antiguos donde muestran familias donde mamá y papá “saben lo que es mejor”. Actualmente, todo el concepto de familia está siendo retratado de manera perversa. Las comedias  muestran a varios hombres criando niños o, simplemente grupos de personas de diferentes edades que viven juntos.

Una línea de autoridad

La Iglesia Católica tiene una línea de autoridad que fue establecida por el mismo Jesucristo cuando Él nombró a San Pedro como el primer Papa. Cuando el Papa habla sobre la fe y la moral, no existe votación por parte de los obispos (excepto en los concilios de la Iglesia). El Papa habla con autoridad divina, dirigida por el Espíritu Santo. Los obispos han de obedecer al Papa, los sacerdotes deben obedecer a los obispos, los laicos deben obedecer a los sacerdotes. Por supuesto, todo esto supone una fidelidad a las verdades de la Iglesia. Esta línea de autoridad debe continuar en la familia católica. El papá es la cabeza de la familia mientras que la mamá es el corazón de la familia. Los hijos deben obedecer a sus padres.

Los papás que no refuerzan el respeto de sus hijos y la obediencia a su autoridad, no están siguiendo las enseñanzas católicas y, por lo tanto, sus hijos no están siendo obedientes al mandamiento de Dios respecto a que los hijos deben honrar y obedecer a sus padres. Este mandamiento en particular, se repite con frecuencia y de manera dura en el Antiguo Testamento. La obligación de disciplinar está directamente relacionada con la vocación del matrimonio: educar a los hijos, lo que significa la formación de la voluntad, así como la formación de la mente.

No aceptes la visión del mundo en la que los niños son normales si insisten en tomar sus propias decisiones o pasan por períodos de rebeldía. No aceptes la falta de respeto como un “signo de crecimiento”. No aceptes que te contesten de mala manera como algo normal. No aceptes cortes de cabello extraños o ropa rara o poco modesta como algo normal. Estos signos externos son evidencia de una aceptación interior de los valores del mundo.

Es MUY difícil ser consistentemente firme. Pero hazlo cuando son pequeños. Si te esperas a que sean adolescentes sentirás que te mueres.

La Iglesia Católica es como una madre amorosa. Sus directivas te darán la fuerza y ​​el valor para realizar el trabajo disciplinario que tienes por delante.

Hablando a los recién casados, el Papa Pio XII dijo:

Los niños son como la “caña sacudida por el viento”. Son delicadas flores cuyos pétalos caen con la brisa más leve. Son tierra virgen en la que Dios ha sembrado las semillas de la bondad, pero que son sofocadas por… la “concupiscencia de la carne y la concupiscencia de los ojos y la vanagloria de la vida”.

¿Quién va a enderezar la caña? ¿Quién va a proteger estas flores? ¿Quién va a cultivar este suelo y hacer que las semillas de la bondad den fruto contra las asechanzas del mal? En primer lugar, será la autoridad que gobierna la familia y los niños, a saber, la patria potestad.

Los padres y las madres de hoy a menudo lamentan el hecho de que ya no pueden hacer que sus hijos obedezcan. Niños obstinados no escuchan a nadie, los niños que crecen así desprecian todas las orientaciones, los hombres y mujeres jóvenes están exasperados por cualquier consejo dado, son sordos a todas las advertencias, e insisten en seguir sus propias ideas porque están convencidos de que sólo ellos están en condiciones plenas para apreciar las necesidades de la vida moderna…

¿Y cuál es la causa de esta insubordinación? La razón que generalmente se da es que los niños de hoy ya no poseen sentido de la sumisión y respeto debido a las órdenes de sus padres… Todo lo que perciben a su alrededor sirve para el único propósito de aumentar,  excitar e incendiar su pasión indomable por la independencia, por burlarse del pasado y la sed ávida del futuro…

El ejercicio normal de la autoridad depende, no sólo de quienes tienen que obedecer, sino también, y en gran medida, de quienes tienen que mandar. Para decirlo más claramente: Hay que distinguir entre el derecho a poseer la autoridad y dar órdenes, por un lado, y por otro, que la excelencia moral que es la esencia y el espíritu de una autoridad efectiva, que es capaz de imponerse a los demás  para exigir obediencia.

El antiguo derecho se te confiere por Dios a través de la paternidad. Este último privilegio no solo debe ser adquirido y conservado, sino que se puede perder o se puede fortalecer. Ahora bien, el derecho de mandar a sus hijos no valdrá mucho si no se acompaña del l control y la autoridad personal sobre ellos que asegura que realmente te obedecen…

Esta autoridad debe ser templada… con bondad amorosa y aliento  paciente.

Moderar la autoridad con la bondad es triunfar en la lucha que es parte del deber como papás… Todos aquellos que de manera ventajosa gobiernan sobre los demás, deben, como elemento esencial, primero dominarse ellos mismos, sus pasiones, sus impresiones. No hay una verdadera sumisión y respeto a cualquier autoridad, a menos que los que obedecen crean que esta autoridad se ejerce con la razón, la fe y el sentido del deber, porque entonces sólo se dan cuenta de que un derecho semejante les ciega a obedecer.

Si las órdenes que dan a sus hijos y el castigo que infligen proceden del impulso del momento, o de arrebatos de impaciencia o de la imaginación o la ciega confianza imprudente, ellos principalmente serán arbitrarios o incoherentes, y tal vez incluso injustos y poco adecuados.

Pero ¿cómo vas a gobernar a tus hijos, cuando no sabes cómo conquistar tus estados de ánimo, controlar tu imaginación y para auto dominarte? Si en ocasiones sientes que no eres dueño absoluto de tus sentimientos, entonces posterga para más adelante para un mejor momento la corrección que deseas realizar o el castigo que crees que debes infligir. Esta tranquila y correcta dignidad con la que hablas y corriges será mucho más eficaz, mucho más educativa y con autoridad…

No te olvides que los niños, no importa lo pequeños que sean, tienen un ojo muy atento y serán inmediatamente conscientes de tus cambios de estado de ánimo. Desde la propia cuna… inmediatamente se dan cuenta de la potencia de sus caprichos infantiles y los efectos que los ataques de llanto tienen sobre los padres débiles y, con astucia inocente, no dudarán en explotarlo al máximo.

Evita todo lo que puede disminuir su autoridad con ellos. Ten cuidado en arruinar esta autoridad con una serie de recomendaciones y críticas sin parar… Evita engañar a tus hijos con razones falsas… Nunca falsifiques la verdad. Es mucho mejor guardar silencio… Ten cuidado de que no mostrar señales de aparente discusión entre ustedes (los papás)… No cometas el error de esperar hasta que tus hijos hayan crecido con el fin de hacerles sentir el peso de una autoridad tranquila…

Tu autoridad debe estar desprovista de debilidad, pero debe ser una autoridad que nace del amor y se empapa de amor, y se sostiene del amor… Si realmente tienes este amor paternal… en los mandatos que das a tus hijos, estos deben encontrar un eco en las íntimas profundidades de los corazones de tus hijos, sin que haya necesidad de decir mucho.

El lenguaje del amor es más elocuente en el silencio del trabajo diario que en el ajetreo. Un millar de pequeñas señales, una inflexión en la voz, un gesto casi imperceptible, una expresión de la cara, una pequeña pista de aprobación… todo esto les dice, más que cualquier protesta, cuánto cariño hay en la prohibición que les molesta, cuánta bondad se esconde en el orden que lo encuentran problemático. Entonces sólo la autoridad aparece no como una carga pesada, una mala broma que hay que sobrellevar… sino como una gran manifestación de tu amor.

Pero, ¿no debe el ejemplo ir mano a mano con el amor?  ¿Cómo pueden los niños, que, después de todo, tienen una inclinación natural a imitar, obedecer, si ven que su mamá no hace caso de las reglas de papá, o peor aún, discute con él; si el hogar está lleno de críticas continuas de todas las formas de autoridad; su ellos ven que sus papás son los primeros que no obedecen los mandamientos de Dios y de la Iglesia?

Debes dar el ejemplo a tus hijos de un papá o mamá cuya manera de hablar y actuar sirve de modelo de respeto de una legítima autoridad, de fidelidad al deber. Desde este punto de vista, ellos aprenderán la verdadera naturaleza de la obediencia cristiana y cómo la deben practicar con sus papás, de una manera más convincente que cualquier sermón que se les pueda dar. Ten el firme convencimiento de que el buen ejemplo es la herencia más preciosa que les puedes dejar a tus hijos.

Papa Pio XII, 1941, Discurso a los recién casados.

 

[1] Traducción realizada por Flor Montante . fgma.m83@gmail.com. Edición por Guetty Colin, guetty.colin@gmail.comy Xhonané Olivas, xolivas@familiacatolica.org Mayo  2014. Todas las notas a pie de página han sido agregadas para esta edición.

[2] ¿En la Iglesia se permite la auto-flagelación? https://www.youtube.com/watch?v=kAWQu3eK3bk ,

¿Qué enseña la Iglesia sobre la auto-flagelación? https://www.youtube.com/watch?v=-5jMBMNhQuE, respuesta del Padre Pedro Núñez en el programa “Conozca Primero su Fe Católica” de EWTN.

[3]Sitio Web http://www.dare.com/

[4] Leer todo el documento en : http://www.vatican.va/holy_father/pius_xi/encyclicals/documents/hf_p-xi_enc_31121929_divini-illius-magistri_sp.html

[5] Versión de la Biblia Católica para Jóvenes.

6 Respuestas a “Traducción del capítulo 8 del libro “Catholic Homeschooling”: Disciplina en la Familia Católica que educa en casa

  1. Muchas gracias por vuestro trabajo. Leo con mucho gusto todos los capítulos. Un fuerte abrazo.

  2. Pingback: Traducción del Libro “Catholic Home Schooling” de Mary K Clark | Familia Católica Homeschooler

  3. Muchas Gracias por compartir su tiempo y trabajo, Dios las bendiga.

  4. Agradecería me ayudaran a resolver algunas dudas…..¿una educación unschooling puede llegar a afectar el carácter de nuestros hijos, teniendo en cuenta que se les da la libertad de aprender según sus intereses?

    • Querida Gaby: gracias por escribir!! Disculpa que mi tiempo no me ha dado para responder más rápido. Sabes que yo no sé mucho de unschooling, nunca lo he practicado y tampoco me he sentido atraída hacia él. Siento mucho no poder darte una respuesta a tu pregunta, pues no tengo la experiencia ni el conocimiento. ¿Ya intentaste buscar blogs de unschooling? Dios te bendiga!!

  5. Muchas gracias! confiando en Dios cualquier duda se ve aclarada.

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