Archivo del Autor: xhonane

Guión para Obra de Teatro sobre la Virgen de Guadalupe para niños

El 12 de diciembre celebramos a Nuestra Señora de Guadalupe. Si no estás familiarizada con la historia de Nuestra Señora de Guadalupe, te invito a que leas en familia este guión de teatro y después hagas preguntas a tus hijos sobre los detalles más importantes, para que aprendan sobre esta advocación de María, como:

¿Cuántas veces se apareció la Virgen de Guadalupe? Cuatro
¿Cuáles son las 3 personas más  importantes en esta historia? San Juan Diego, el Obispo Zumárraga y Juan Bernardino.
¿Cuántos milagros hizo Dios por intercesión de la Virgen? Tres: Las flores en el Tepeyac, la Imagen en la tilma y la curación de Juan Bernardino.
¿Por qué le llamamos a María, Virgen de Guadalupe? Porque ella misma se lo reveló a Juan Bernardino. En Nahuatl, ella dijo «coatlaxopeuh» (pronunciado Cuatlasupe) que fue interpretado por los españoles como «Guadalupe» *Esta última parte no viene en el guión.
¿Todavía existe la tilma de Juan Diego? Si, y se encuentra en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en la CIudad de México.
¿Por qué quería María que le construyeran un templo? Para mostrar su amor a todos sus hijos, escuchando sus oraciones e intercediéndo por ellos.
¿Nuestra Señora de Guadalupe es la misma Virgen María? Si, sólo que escogió vestirse como indígenas para que los aztecas la vieran como una de ellos y con su forma de vestir, ellos pudieran entender que era en verdad la Madre de Dios.

Para imprimir el guión en Scribd en español
Para imprimir el guión en Scribd en inglés (English version) Este guión lo hice hace más de 5 años para mi grupo de homeschooling y usé varios libros que me prestaron y que desafortunadamente no recuerdo el nombre. No tiene crédito de Familia Católica, porque no puse bibliografía.

* Si tienes problemas para imprimir, escríbeme a xolivas(at)familiacatolica.org y con gusto te mando el archivo.

SAN JUAN DIEGO, MENSAJERO DE LA ESPERANZA
Historia de las Apariciones de la Virgen de Guadalupe a San Juan Diego, adaptada del Nican Mopohua.
Por Xhonané Olivas

PERSONAJES:
Narrador
Nuestra Señora
San Juan Diego
Juan Bernardino
Obispo Juan de Zumárraga
Asistente del Obispo

Escenarios
* Un mismo escenario puede estar dividido en tres partes.
El Tepeyac
La casa del Obispo Zumárraga
La casa de Juan Bernardino

NARRADOR: Esta es la historia de un gran milagro que sucedió hace casi 500 años en la Ciudad de México. ¿Has escuchado hablar de Nuestra Señora de Guadalupe? … ¿o de Juan Diego?… Bueno, pues para los mexicanos, estos dos nombres nos recuerdan una de las más bellas historias de amor de Dios por su pueblo. Él quiso que la visita de su Madre a México se conservaran de una forma muy especial y que Juan Diego fuera su mensajero, el Mensajero de la Esperanza.

En esta época, México había sido conquistado por los españoles. Mientras los sacerdotes y misioneros trataban de evangelizar a los indígenas y de hablarles del Dios verdadero, los soldados y gobernantes se aprovechaban de ellos.

¡Qué difícil sería para los misioneros hablarles a los indígenas de amor y perdón, cuando otros españoles los maltrataban!

En esta época vivió Juan Diego. Él pertenecía a la clase pobre del Imperio Azteca. Su nombre era “Cuahtlatoatzin” que quiere decir “águila que habla” en náhuatl. Él y su esposa fueron de los primeros nativos en convertirse a la fe Católica. Cuando fueron bautizados escogieron los nombres de Juan Diego y María Lucía. Años más tarde, cuando su esposa murió, Juan Diego se fue a vivir con su tío Juan Bernardino para hacerle compañía puesto que ya era mayor. Juan Diego tenía ya 57 años cuando esta historia empieza.

Cada sábado y domingo, Juan Diego iba a Misa a la ciudad de Tlatelolco. Se levantaba muy temprano, antes de que saliera el sol, para poder llegar a tiempo, pues la iglesia quedaba muy lejos de la casa de su tío. ¿Te imaginas caminar descalzo por varias horas para ir a Misa? ¡Eso era lo que Juan Diego hacía! Además, las mañanas eran muy heladas, y él tenía que usar una tilma, o manta, para protegerse del frío. Y un día de invierno… el 9 de diciembre de 1531, en su camino, sucedió algo asombroso…

[Sale Juan Diego al escenario. Camina mirando por todas partes muy sorprendido]

¡Juan Diego escuchó el canto de pájaros más hermoso del mundo!, ¡hasta pensó que estaba soñando! ¡No podía creer lo que escuchaba!

JUAN DIEGO: “¿Qué es lo que ahora oigo?, ¿acaso estoy soñando? o ¿es sólo mi imaginación? [Juan Diego mira hacia la cumbre del Tepeyac asombrado] Parece que el canto celestial viene de allá arriba. 

NARRADOR:  De repente, Juan Diego escuchó la hermosa voz de una mujer que lo llamaba por su nombre.

[Juan Diego voltea a ver quién lo llama]

NUESTRA SEÑORA: “¡Mi Juanito, mi Juan Dieguito!”

[Juan Diego se acerca hacia nuestra Señora]

NARRADOR: Juan Diego vio a una hermosa doncella, que parecía princesa. Su vestido resplandecía como el sol; todo alrededor parecía como piedras preciosas, y la tierra donde estaba parada brillaba como el arco iris. Con una voz tierna, le dijo:

NUESTRA SEÑORA: “Escucha bien, hijito mío el más pequeño, mi Juanito: ¿A dónde te diriges?”

JUAN DIEGO: “Mi señora, mi reina, voy a tu casita de Tlatelolco para las cosas de Dios”.

NUESTRA SEÑORA: “Escucha, hijito mío, el más amado, que yo soy la siempre Virgen María, Madre del verdadero Dios, por quien se vive. Deseo que aquí se me construya un templo, donde yo seré una madre para todos los que a mí vengan. Yo escucharé siempre su llanto, su tristeza y su dolor…Y para realizar lo que Dios quiere, deseo que vayas al palacio del obispo de México y le digas que yo te envío, como mi mensajero, para hacerle esta petición. Dile todo lo que has visto y oído».

[Juan Diego se despide y empieza a caminar hacia la casa del Obispo Zumárraga]

NARRADOR: María, nuestra Madre, al ver el sufrimiento del pueblo azteca, vino a ellos para ofrecerles su amor, su protección, y para enseñarles el camino a Jesús. ¡Quién se iba a imaginar que ella sería la gran evangelizadora de América!

 [Al llegar, toca la puerta y espera. El asistente del obispo abre]

CRIADO: “Buenos días Juan Diego, ¿en qué puedo servirte?”

JUAN DIEGO: “Buenos días, vengo porque traigo un mensaje muy importante para el señor obispo.”

CRIADO: “Muy bien, te llevaré con él, sígueme.”

[Juan Diego sigue al criado que lo lleva hacia el obispo. El obispo está sentado. Juan Diego se arrodilla y hace como que habla]

NARRADOR: Juan Diego le contó el mensaje de la Reina del Cielo al obispo, dando detalle de todas las cosas que admiró y escuchó. Desafortunadamente, al terminar, el Obispo Zumárraga no pudo creer lo que Juan Diego le había contado y le dijo:

[El obispo se para, pone las manos sobre los hombros de Juan Diego]

OBISPO ZUMÁRRAGA: “Hijito mío, regresa otro día para escucharte con calma, me lo cuentas todo de nuevo.”

NARRADOR: ¿Cómo se habrá sentido Juan Diego al ver que el obispo no tomaba en serio lo que le decía? … Juan Diego, regresó al cerro del Tepeyac en donde estaba la Virgen María esperándolo y muy triste le dijo:

[Juan Diego camina de regreso al Tepeyac cabizbajo y se para frente a nuestra Señora]

JUAN DIEGO: “Señora y niña mía la más pequeña, fui allá donde Tú me enviaste, le di tu mensaje al obispo, pero no me creyó. Por eso te ruego que mandes a alguien importante para que le crean. Yo no soy nadie, yo no valgo nada”.

NUESTRA SEÑORA: “Escucha hijito mío, el más pequeño. Ten por seguro que tengo muchos servidores, pero eres tú al que he escogido. Te pido que mañana vayas otra vez a ver al Obispo, y de mi parte dile otra vez mi voluntad”.

[Juan Diego cambia su cara de tristeza. Ahora habla con gusto]

JUAN DIEGO: “Señora mía, Virgencita mía la más amada, iré con todo gusto. Mañana por la tarde vendré a contarte lo que me diga el obispo. Quédate tranquila”.

[Juan Diego sale del escenario]

NARRADOR: Al día siguiente, muy temprano en domingo, Juan Diego se levantó para ir a la iglesia. Después de misa y del catecismo, se fue a buscar al obispo.

[Juan Diego camina hacia la casa del obispo y toca la puerta. El criado abre]

CRIADO: “¡Hola Juan Diego! Veo que has regresado pronto.”

JUAN DIEGO: “Sí, y es que necesito hablar de nuevo con el señor obispo.”

CRIADO: “Está bien, ven conmigo.”

[Juan Diego sigue al criado que lo lleva nuevamente hacia el obispo. El obispo está sentado. Juan Diego se arrodilla]
NARRADOR: Al llegar Juan Diego le volvió a dar el mensaje. El obispo Zumárraga le hizo muchas preguntas para asegurarse de que estaba diciendo la verdad, pero aún así no pudo creerle. Finalmente le dijo:

OBISPO ZUMÁRRAGA: “Juan Diego, no puedo hacer lo que me pides. Necesito alguna señal para saber que de verdad, es ella, la Madre de Dios la que lo pide.”

JUAN DIEGO: “¡Claro que sí!, Sólo dígame qué señal quiere y yo iré a pedírsela a la Reina del Cielo.”

NARRADOR: ¡Qué fe la de Juan Diego!…El obispo, al ver que no titubeaba, ni dudaba, lo despidió.

[Juan Diego corre para ver a nuestra Señora. Ambos hacen como que hablan. Juan Diego se arrodilla y se despide feliz]

Juan Diego corrió con alegría a darle la noticia a nuestra Señora. Ella le agradeció todo lo que había hecho y le pidió que regresara al día siguiente, pues le daría la prueba que convencería al obispo… ¿Qué señal sería? ¿Qué habrá pensado Juan Diego en ese momento?

[Juan Diego se dirige hacia la casa de su tio Bernardino, y corre hacia él en cuento lo ve]

Después de esto, Juan Diego se fue a casa, pero al llegar… Juan Diego se dio cuenta de que su tío estaba muy enfermo.

JUAN DIEGO: “¿Qué pasa tío Juan Bernardino?”
´
[Juan Diego le toca la frente a su tío]

JUAN BERNARDINO: “No me siento bien Juan Diego.”

JUAN DIEGO: “No te preocupes tío, yo te voy a cuidar, voy de inmediato a buscar al médico.”

[Juan Diego toma una charola con agua y moja una toalla para limpiar la cara de tu tío]

NARRADOR: Juan Diego se dedicó a cuidar de su tío todo el lunes y ya no regresó al Tepeyac como lo había prometido. En la noche, el tío Juan Bernardino le dijo a su sobrino:

JUAN BERNARDINO: “Mi querido Juan Diego, por favor ve a buscar a un sacerdote para que me confiese y me dé su bendición antes de morir.”

JUAN DIEGO: “Sí tío, iré en seguida.”

[Juan Diego se para y se alista para salir. Se dirige hacia el cerro. Antes de llegar, se para y se pone la mano en la barba pensativo]

NARRADOR: El martes 12 de diciembre, todavía de noche, salió Juan Diego a buscar al sacerdote. Al acercarse al cerro del Tepeyac, pensó que sería mejor ir por el otro lado del cerro para que la Señora no lo viera y lo retrasara en su encargo. Pero, ¡cuál sería su sorpresa al ver que la Madre de Dios venía bajando del cerro hacia él! ¿Cómo supo María que él no iría a verla?… ¿por qué Juan Diego pensó que ella no se daría cuenta?

NUESTRA SEÑORA: “Hijo mío el más pequeño, ¿a dónde vas?”

[Juan Diego se muestra muy preocupado, agarrando su tilma muy nervioso]

JUAN DIEGO: “Mi Virgencita, niña mía la más amada. No te enojes conmigo; mi tío está muriendo y debo ir rápido a buscar a un sacerdote a tu casa de México. Mi Señora, perdóname y se paciente conmigo; lo primero que haré mañana será venir a toda prisa.”

NUESTRA SEÑORA: “Hijo mío el más querido: Que nada te espante. No temas esta enfermedad. ¿Acaso no estoy yo aquí, que soy tu madre? ¿No estás tú bajo mi amparo? ¿No soy yo la fuente de tu alegría? Tu tío no morirá ahora; ten la seguridad de que él ya sanó en este momento. Ahora sube, Hijito mío, al cerro y allí verás que hay diferentes flores. Córtalas, ponlas juntas y luego tráemelas.”

NARRADOR: ¡Qué palabras tan más hermosas y cariñosas le dijo María a Juan Diego, y pensar que él no quería encontrársela! Juan Diego, se dio cuenta del gran amor que María tenía por él y sin dudar más, al instante subió al cerro…

[Juan Diego cambia su cara, ahora sonríe y sube al cerro]

NARRADOR: Al llegar, Juan Diego no podía creer lo que veía, ¡se quedó asombrado al ver la variedad de tantas flores tan maravillosas!

[Juan Diego corta varias flores y las huele muy asombrado]

JUAN DIEGO: “¡Flores! y ¡qué aroma! Ahora es cuando hace más frío y hay heladas más fuertes. Este no es lugar para que se den flores y menos en diciembre. ¡Parece que estoy en el paraíso!…

NARRADOR: De prisa, deleitándose en ese jardín celestial, juntó todas las flores llenando su tilma y regresó con la Señora del Cielo. Ella las tomó con sus manos y las acomodó de nuevo en la tilma de Juan Diego, diciendo:

[Juan Diego le enseña las flores a Nuestra Señora. Ella las toma y las vuelve a poner en la tilma]

NUESTRA SEÑORA: “Hijito, estas flores son la señal que le llevarás al Obispo. Ve y no le enseñes a nadie lo que llevas, sólo a él. Le contarás con todo detalle lo que te pedí y lo que viste y admiraste.”

[Juan Diego corre hacia la casa del obispo, agarrando muy bien su tilma. Al llegar toca la puerta, el criado abre pero no le hace caso. Juan Diego se queda ahí hasta que aparece el obispo]

NARRADOR: Juan Diego, feliz, fue a buscar al obispo, seguro de que en esta ocasión sí le creería. En el camino, disfrutaba el delicado perfume que daban las flores mientras cuidaba de que no se le fueran a caer. Al llegar de nuevo a la casa del obispo, les rogó a los criados que le permitieran verlo, pero ellos no le hacían caso. Juan Diego tuvo que esperar varias horas antes de que le permitieran ver al obispo Zumárraga. Al llegar frente al obispo, con una inmensa alegría le dijo…”

JUAN DIEGO: “Mi señor, con todo gusto traigo la señal que me pediste. La Reina del Cielo me dijo que sólo a usted se la entregara. ¡Aquí la tiene, haga el honor de recibirla!”

[En cuanto Juan Diego abre tu tilma, todos los presentes se arrodillan y ponen cara de asombro]

NARRADOR: Juan Diego desplegó su blanca tilma, y en el momento en que cayeron las flores, apareció la imagen de la siempre Virgen María de Guadalupe, Madre de Dios. Tan pronto como la vio el señor Obispo, y todos los que allí estaban, se arrodillaron pasmados de asombro, todos estaban profundamente conmovidos. El señor Obispo, con lágrimas en los ojos, le dijo:

OBISPO ZUMÁRRAGA: “¡Perdóname, hijo mío! ¡Perdóname por no atender a tu petición y hacer la santa voluntad de la Madre del Cielo! Por favor, quédate con nosotros hasta mañana para que me muestres en dónde hay que construir el templo.”

[Juan Diego se quita la tilma y se la da al obispo. Después, salen todos juntos]NARRADOR: Nuestra Madre María no se conformó con mandarle rosas al Obispo, ¡quiso que su misma imagen se quedara entre sus hijos! Al día siguiente, Juan Diego después de mostrarles el lugar que la Virgen le había dicho, se fue a ver a su tío. Al llegar, lo vio muy contento.

[Juan Diego se dirige hacia su tio Bernardino que corre feliza a abrazarlo]JUAN BERNARDINO: “¡Juan Diego, Juan Diego! ¡Qué alegría verte!”

[Juan Diego hace que habla con su tío, mueve las manos y con cara feliz]NARRADOR: Juan Diego le explicó a su tío lo que había pasado con la Señora del Cielo y cómo ella le dijo que lo curaría. Su tío le contestó:JUAN BERNARDINO: “¡Es verdad Juan Diego! ¡Yo también la vi tal como tú lo dices! Ella me pidió que fuera a México con el obispo, y le contara todo lo que había visto, y cómo me había sanado. La Señora del Cielo, quiere que a su preciosa imagen se le conozca como la SIEMPRE VIRGEN SANTA MARÍA DE GUADALUPE.”

[Juan Diego y Juan Bernardino se abrazan y se dirigen a la casa del obispo]NARRADOR: A Juan Bernardino lo llevaron con el Señor Obispo, para que diera su testimonio. Juan Diego y su tío fueron hospedados en casa del Obispo hasta que se terminó la construcción del templo a la Madre de Dios. A partir de ese día, Juan Diego, se fue a vivir a un pequeño cuarto junto al templo y pasó el resto de su vida dedicado a contar el relato de las apariciones de la Virgen a todo el pueblo Azteca. Juan Diego murió en 1548 a los 74 años de edad.

[Juan Bernardino hacen que hablan con el obispo, mueve las manos y pone cara feliz. El obispo lo abraza con gusto. Salen todos del escenario]

Asombrosamente , después de este gran milagro, millones de indígenas se bautizaron, ¡qué felices estarían los misioneros de ver a tanta gente aceptando a Jesús en sus vidas! Pues antes, apenas unos cientos de ellos se habían convertido a la fe Católica.

Juan Diego, confiando en el amor de María, obedeció y gracias a eso, Dios nos dio uno de los regalos más valiosos que tenemos los Mexicanos: la imagen de su misma Madre. «No ha hecho nada igual con ninguna otra nación», dijo el Papa Benedicto XIV.

El mensaje de la Virgen de Guadalupe, nos llena de esperanza, porque ella nos dice a todos “Que nada te espante…¿No estoy yo aquí que soy tu madre?” , ella cuida de ti, y lo más importante, ella te lleva a su Hijo Jesús.

La tilma de Juan Diego no ha cambiado, todavía se puede ver en la Basílica de la Ciudad de México, ¡después de 500 años! :

¡Nuestra Señora de Guadalupe, ruega por nosotros!
¡San Juan Diego, ruega por nosotros!

Bibliografía
http://nicanmopohua.net/iniciodelculto.html
http://www.sancta.org/juandiego_s.html

Estoy compartiendo esta entrada en 
en el blog Homeschooling Católico

¿Eres PRO-VIDA?…¡Este testimonio te va a conmover!

Hay familias que luchan hasta el último momento por salvar la vida de sus bebés no nacidos, en una cultura en la que muchos doctores no los apoyan. Esto es lo que mi querida Paloma y su esposo hicieron con su quinto bebé Kai.

Paloma es una mujer de Dios, yo he tenido la bendición de conocerla a través de su blog «Padeia en Familia» desde hace más de un año. Ella fue una de las personas que me ayudaron y me motivaron cuando apenas empezaba con mi blog. Paloma también educa a sus hijos en casa en España.

Hace varios meses nos había compartido que estaba embarazada y que le habían dicho los doctores que su bebé tenía  problemas serios de malformación. Mi familia y yo empezamos a orar  por ella y por su bebé, pidiéndole a Dios un milagro, si era su voluntad. Paloma dejó de escribir en su blog, y bueno, se entendía la situación. En un par de ocasiones le mandé un email para decirle que seguíamos orando por ella. A mí me conmovió mucho que mis hijos, sin conocerla, pidiéran por su bebito en nuestra oración familiar.

Hace unos días, Paloma volvió a escribir en su blog y nos compartió que su bebito, había nacido, pero que apenas vivió unos minutos. También nos contó todo su peregrinar en esta dolorosa situación, sus luchas internas y con los doctores, que constantemente le sugerían que lo abortara. No pude evitar leerlo con lágrimas en los ojos, me conmovió muchísimo todo lo que sufrieron, pero al mismo tiempo, vi la gracia de Dios en sus vidas, pues se mantuvieron firmes en defender la vida de Kai y alcanzaron a butizarlo antes de fallecer.

Te invito a que leas el testimonio de Paloma. Nosotros sabemos que todo lo que nos pasa es para la gloria de Dios, y no tengo duda de que Dios usará este hermoso testimonio para tocar muchas vidas y para alentar a tantas familias que estén pasando por la misma situación.

¡También te pido tus oraciones por ellos en este tiempo difícil! ¡Dios te bendiga!

¿Por qué hago Homeschooling?…El Testimonio de Silvia Amador

Con muchísimo gusto quiero presentarte a Silvia Amador. Dios la puso en mi camino cuando apenas empezaba este blog, y sin duda, sus consejos y porras me ayudaron mucho en esos momentos. Me siento muy afortundada de conocerla y de aprender de ella. Silvia es una gran mujer de Dios que comparte sus reflexiones de una manera sencilla y práctica pero también muy profunda.

En su blog Creciendo Unidos, puedes encontrar mucha información sobre homeschooling y una estupenda lista de wesites que ella recomienda; visítala, vale mucho la pena, se nota que pasó varias horas preparándola.

Aquí puedes leer lo que ella escribió sobre el homeschooling en México.
Aquí están todas las entradas que ha hecho sobre homeschooling.

Bueno, pues este es el testimonio de mi amiga Silvia:

***********************

Quiero platicarles como inició nuestra aventura. Cómo una idea que parecía tan extraña para nosotros ha pasado a formar parte central de nuestra vida en familia.

Cuando Tete tenía 3 años y Sean apenas 1 nos cambiamos de ciudad. Tete hasta entonces había estado yendo a una escuela Montessori y habíamos tenido una buena experiencia. Apenas teníamos unos 5 ó 6 meses de haber recibido a nuestro segundo bebé, esta vez por medio de adopción, y yo por fin había tomado la feliz decisión de quedarme en la casa y dejar de trabajar. En esta nueva ciudad no había escuelas Montessori, pero pronto tuve la fortuna de conocer una mama apasionada con el método Montessori, igual que yo. Juntas nos organizamos para enseñar a nuestros pequeños nenes en la casa sin pensar en el término «homeschool», simplemente lo hicimos a falta de una mejor opción.

Unos meses después abrieron una escuela Montessori en la ciudad. Felices fuimos las primeras en inscribir a los niños y todo el primer año fue muy bueno, habiendo pocos alumnos y muchas ganas de la maestra. El segundo año no fue tan bueno. Había varios niños problemáticos, la maestra no tenía control de la situación, el ambiente de «paz y concentración» típico de Montessori desapareció aunado al hecho de que Sean (entonces de 2 años) había empezado a asistir y estaba sufriendo mucho estar separado de mí.

Resueltos ya de la necesidad de un cambio, busqué otras opciones. Entonces yo estaba trabajando en la mejor escuela privada del área así que fui a observar en los salones donde mis niños estarían en caso de ir a esta escuela. Era una escuela linda, las maestras eran lindas, pero habiendo conocido yo toda mi vida la experiencia Montessori y habiendo visto a Tete disfrutar de este método, no la pude imaginar sentada en un banquito la mayor parte del día, viendo a otros niños ignorar a la maestra; en pocas palabras, perdiendo la alegría y las ganas de aprender. De Sean no me cabía duda que lo que necesitaba era estar conmigo, pero no teníamos mas opciones.

En muchas ocasiones mi amiga me había comentado de familias que ella conocía que hacían escuela en casa. Esta era una idea tan diferente, tan extraña para mi, que recuerdo (con verguenza) haberle dicho siempre que no, que eso era para familias enormes que no podían pagar una escuela buena, que los niños necesitaban estar con otros niños de su edad, que a fin de cuentas los niños les hacen más caso a los maestros que a los papás… Esos meses fueron difíciles y nunca imagine que la idea de hacer homeschooling fuera la respuesta. Dios nos iba pacientemente preparando.

En un convivio de la Iglesia recuerdo que estábamos mi esposo y yo con los niños viendo donde sentarnos para comer. De pronto un papá anuncio que su familia había preparado una representación para los niños relacionada con la celebración (típica mi mala memoria, no recuerdo que celebrábamos), pero lo que sucedió es que quedé fascinada al ver al papá actuando de narrador, a la mamá ayudando a sus chiquitos y todos los hijos (5) de entre 5 y 16 años participaban felices y sin pena en esa representación para la comunidad. Pueden imaginarme en ese momento como lo hacen en las películas: Todo se pone oscuro y de las nubes sale un rayo de luz directo hacia mí mientras se oye un coro cantando de fondo, o mejor aún, pudieran imaginarme que me caía un rayo. Lo cierto es que el Señor respondió mis súplicas y sin saber cómo ni cuando me encontré con las ganas desesperadas de preguntarle a la mamá como era que ella enseñaba a sus hijos en casa. Y así empezó nuestra aventura, a falta de una mejor opción, la posibilidad de enseñarlos en casa se transformó en el tesoro jamás imaginado.


¿Por qué será que en México esto es inaudito? Esta es una de las principales motivaciones de iniciar mi blog; compartir este gran tesoro del que tantos no han escuchado. ¿Sabían que en México pueden educar a sus hijos en casa?

Definitivamente no pienso que ésta sea la única o la mejor manera de educar a los hijos. Cada familia en sus propias circunstancias es única y lo que es mejor para una, no lo es para otra. Pero mi gozo es el compartir, en medio de las dificultades que implica, el gran regalo de vivir día a día con tus hijos, de poder ver su carita al comprender cosas nuevas y redescubrir este maravilloso mundo a través de sus ojos.


Hace apenas unos meses nos cambiamos de nuevo a otra ciudad. Aquí hay muchas y muy buenas escuelas pero ya no podemos imaginar dejar ir este tesoro. El enseñarlos en casa ha cambiado nuestra visión de la vida, nuestras prioridades y nuestra misión.


Los padres educamos a nuestros hijos desde el momento en que salen de nuestro vientre. Aprenden a caminar, a hablar y a descubrir el mundo con nuestra ayuda; el enseñarlos en casa es simplemente continuar lo que ya hemos estado haciendo sin mucho pensar. Dios nos da la gracia para poder ser los mejores maestros para nuestros hijos.


Silvia Amador
Nota publicada en Creciendo Unidos
http://creciendounidos.blogspot.com